
Hay muchas cosas de las que quiero hablarles pero no tengo tiempo: del idilio entre Cristiano Ronaldo y Paris Hilton. Del indecente fichaje del primero, a golpe de talonario, por parte de Quien-no-debe-ser-nombrado. De "Terminator Salvation" y los peligros que entrañaría una hipotética rebelión de las máquinas contra la humanidad y más concretamente contra el género femenino de la humanidad (el otro día vi a la amiga C. intentando programar el video para grabar una película y sentí el pálpito de que ese fatídico día está más cerca de lo que pensamos), de los conciertos del verano, de la genial 2ª temporada de True Blood, de cómo odio la declaración de la Renta (de buena gana defraudaría al fisco, si no fuera porque temo que me encierren en un calabozo con Ana Torroja. ¿Se imaginan lo que debe ser oirla cantar en vivo los temas de su carrera en solitario? Eso ya en sí mismo es una condena. Además, soy demasiado tierno y jugosito para ir a la cárcel, se me rifarían entre el resto de los presos a las primeras de cambio y no estoy por la labor de ser el novio de ningún grandullón tatuado).
En fin, que hay mil cosas de las que espero irles hablando a partir del próximo fin de semana, pero en estos momentos hay una noticia que merecía un post aparte. Michael Jackson, el rey del pop, murió el pasado jueves a causa de un paro cardíaco. Y aunque su música dejó de interesarme hace más de 15 años y él como personaje público nunca me gustó un pelo, no cabe duda de que fue un gran artista, uno de los grandes de la música moderna junto a Elvis y Manu Guix, y un mito con el que creció toda mi generación.

Sí, mi hermano mayor se compró el cassette original de "Thriller" (como millones de hermanos mayores en el mundo) y lo escuchábamos de vacaciones en la sierra cuando yo no levantaba dos palmos del suelo.
Y cuando el tipo se aclaró la piel fue todo un acontecimiento. Teníamos grabados sus videos, los que ponían en Rockopop, como "The way you make me feel" o "Smooth Criminal".
Luego el hombre se volvió blanco y su estrella se fue apagando. Un poco como le pasó a Beckham cuando dejó el Manchester; que se hizo blanco y su carrera se fue a la mierda.
Pero hasta entonces Jacko fue el indiscutible número 1 del pop.

Y sí, hasta vi "Moonwalker", aquella película que hacía que "Shanghai Surprise" y "Quién es esa chica" parecieran sendas obras maestras. El uso de la violencia debería estar permitido si se trata de impedir que las estrellas de la canción den el salto al celuloide.
Salvo en el caso de Britney Spears, por supuesto. Por ella, si hiciera falta, empeñaría hasta mi último céntimo en financiar sus proyectos cinematográficos. Sobre todo el último, un drama sobre el Holocausto que hará temblar los cimientos de Auschwitz.
Esta sinopsis la he copiado tal cual la publicaba La Vanguardia:
"Britney encarnará a Sophia LaMont, una joven que decide crear una máquina del tiempo para viajar a la II Guerra Mundial. Ahi conocerá a un joven judío encerrado en un campo de concentración, del que acabará enamorándose. La pareja intenta escapar de los nazis huyendo en la máquina del tiempo para poder casarse".
Hermoso, no tengo palabras.

En fin, que Michael Jackson se nos ha ido y se ha desatado una histeria colectiva a nivel planetario como no se veía desde la muerte de Lady Di. Y como aquella vez, las imágenes que veo en la tele me hacen preguntarme si no se está sacando todo de madre, si no nos estaremos excediendo un poco.
La gente en las calles, las velas y santuarios improvisados, los políticos norteamericanos guardando un minuto de silencio...
La sobredosis informativa, los titulares de prensa y la media hora que le dedican en el telediario día tras día sin cesar: que si la herencia, que si la exmujer, que si la morfina, que si el médico, que si pudo inyectarle una dosis letal de calmantes, que si en el Servicio Andaluz de Salud estas cosas no pasan...

En fin, es lo que ocurre cada vez que hay una noticia de impacto en verano, que se magnifica, que se explota el filón hasta el límite de lo moralmente aceptable a falta de otros asuntos que despierten el interés general en el baldío período estival. Recuerden el caso de Madeleine McCann.
Y así podríamos estar otras 6 semanas oyendo hablar en titulares de Michael Jackson una y otra vez, hasta el infinito y más allá. Menos mal que hoy hubo un golpe de estado en Honduras y los telediarios tendrán que cambiar de tema.
Gracias, Honduras, donde quiera que estés.

Lo dicho, que es una lástima lo de Michael, pero la vida sigue y siempre nos quedará LaToya. Y para que no me tachen de insensible, desde esta página me sumo también a homenajear al rey del pop con una canción que, cuando yo contaba escasos 6 años, me volvía absolutamente loco.
Sé que Jackson tuvo temas mucho mejores. Sé que esta canción es lo peor de lo peor. Pero qué quieren que les diga; tan niño y ya apuntaba maneras de hortera.
Y este martes.... U2 en directo! Éste es el aspecto del Nou Camp durante las semanas previas al concierto. Distinguirán que se trata del Nou Camp y no del Bernabeu porque hay tres flamantes copas nuevas deslumbrando con sus destellos el objetivo de la cámara.
Prometo poner fotos del concierto la semana que viene:





